Monday, September 22, 2008

La cultura del miedo II

Como respuesta a mi post anterior, mi mamá respondió lo siguiente, y me parece muy interesante leerlo:
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Hijo,

Definitivamente siento estar un poco atrapada en la "Cultura del miedo"...

A pesar de haber disfrutado una infancia con cierta libertad para salir a jugar en bicicleta, patines, jugar al avión, al bote pateado, escondidillas, canicas, a la tiendita, a las muñecas, etc., no recuerdo haber tenido miedo mientras jugaba, a que alguien me quisiera robar la bici y cuando jugaba a las escondidas, estaba segura de que o me encontraban o yo salía por mi gusto, nunca pensé que alguien podía secuestrarme si me veía sola.

Debíamos regresar a casa antes del anochecer, y si se nos llegaba a hacer de noche, no nos daba miedo estar en la calle, lo que nos daba miedo era regresar a la casa y recibir un regaño de aquéllos y la consabida amenaza de no volver a obtener un permiso para salir a jugar, aunque de sobra sabíamos que los castigos no duraban tanto tiempo.

Nos decían: "Te va a llevar el hombre del costal", o el "ropavejero", o el "robachicos"... y con el tiempo dejaron de ser fantasías para convertirse en realidad.

No sé si el vivir en la capital nos crea ciertos temores y empiezas a poner picaportes en las puertas o doble chapa, en el D. F. es algo normal, recuerdo que el primer viaje largo y lejano que hice fue a Sinaloa, a casa de una amiga. No podía creer que dejaran fuera las bicis o las sillas en el porche por las noches, o que no cerraran la casa con llave, que las puertas estuvieran abiertas durante el día, todo mundo se conocía y no podías salir sin que todo el pueblo te saludara.

Podíamos salir a cenar y comer unos deliciosos tacos en la fonda del pueblo y regresar a casa a la media noche... La sensación que allí tuve, fue como si cada persona que encontrábamos y nos saludara, en parte también nos estaba cuidando, cuando la mamá de mi amiga se asomaba a la puerta de su casa, podía preguntar si alguien nos había visto, y no faltaba quien le diera santo y seña de dónde estábamos y con quién.

Recuerdo también que cuando empecé a ir a la Universidad, salía de casa cuando era de noche y la parada del camión estaba solitaria, y nunca me dio miedo ser asaltada ni secuestrada, aunque sabía que esas cosas pasaban, nunca pasó por mi mente que algo así me pasaría a mí o a alguna persona de mi familia..

Hasta que nos pasó... daré algunos ejemplos por que no recuerdo todos:

- Directamente como familia, nos robaron un auto de un estacionamiento con candado en la unidad habitacional donde vivíamos.
- A tí te robaron sus lentes y a sus amigos diferentes objetos a la salida de su escuela, argumentando un ensayo de carreras para una kermesse. Muchos años después, en ocasiones diferentes, te robaron dos autos afuera de tu casa. También te asaltaron a la salida del Metro Toreo.
- Tus tíos abuelos fueron asaltados con mucha violencia dentro de su casa.
- A tus otros tíos abuelos les robaron dentro de su casa.
- Yo fui asaltada 3 veces a mano armada, en mi trabajo, además de que me robaron otro auto con todas mis pertenencias. También clonaron mi tarjeta de débito y trataron de hacer compras con ellas en dos ocasiones.
- A tu tío lo secuestraron y le robaron coche, dinero y usaron sus tarjetas de crédito, en otra ocasión le sacaron mucho dinero de su cuenta de cheques, y en otra más, le robaron su casa y se llevaron aparatos, dinero, etc.
- Trataron de abrir el coche de tu hermano y le decompusieron la chapa. Tiempo después y en otra ciudad, se metieron a su casa y le robaron efectivo, joyas y le revolvieron toda su casa.
- A tu tía en Puebla le hicieron lo mismo hace poco tiempo.
- A otra tía le robaron su carro y querían llevársela también.

Ohhh!!! Son demasiados ejemplos en una sola familia !!!

Creo que el miedo se va alimentando en base a experiencias, es natural y hasta instintivo sentir miedo en algunas ocasiones, pero también es una ley que a cada acción corresponde una reacción.
No vivo temerosa todo el tiempo, pero bien sé que es necesario implementar medidas de seguridad en nuestras vidas.

Me pongo a pensar que uno aprende a vivir con las circunstancias que le rodean, y la seguridad de nuestros hijos es una idea fundamental que no abandona a las madres y a los padres una vez que un hombre o una mujer se ha convertido en madre o padre... Esto me lleva a pensar, ojalá mis hijos estén bien, pero si llega el momento en que ellos se enfrenten a una situación extrema de peligro, serviría que le hubiera enviado un mensaje de alerta?

No me gusta ser alarmista ni negativa, confío en la gente y también sé que hay mucha gente buena, y también hay gente que no lo es.

Por lo pronto, como bien lo dices, mi vida no cambiará cuando escuche la alarma de algún carro, ni voy a dejar de tomar Coca Cola aunque en los correos digan que puedes destapar caños con ella o aflojar tuercas y hasta limpiar radiadores, ni voy a enviar cartas para que se salve la niñita llamada Bruce, ni voy a reenviar cadenas del angel de la abundancia, como tampoco voy a dejar a un lado las más elementales normas de seguridad, y espero que Uds., también sean prudentes.

No sé si expuse bien mi sentir, no quiero ayudar a difundir la cultura del miedo, no vivo temerosa todo el tiempo ni quiero que Uds. vivan presas del pánico, y pedí su opinión al respecto, para ampliar mi panorama y saber cómo piensan Uds.

Quiero compartir pensamientos y formas de ver la vida, me gusta cómo Uds. los jóvenes tienen una perspectiva más sana, y me gustaría aprender a ver y vivir la vida con un enfoque más fresco.

Atte.

Tu mamá.

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¿Es o no es una joya? Los comentarios que lleguen a hacer se los reenviaré a ella.

2 comments:

AzulAlbanta said...

Ya me había tardado, ¿verdad?

Pues sí, soy de la última generación donde podíamos salir a la calle a jugar bote pateado, resorte, stop, encantados y solía amar mis patines de cuatro ruedas que me puse hasta que deplanamente el pie se me hacía como de geisha. En general, se empezaba a gestar el miedo irracional a los pitufos satánicos y el miedo racional a la venta de drogas fuera de las primarias. Sabíamos que, por ejemplo, no debíamos aceptar regalos de desconocidos, tampoco hablar con ellos y mucho menos seguirlos aún cuando nos dijeran que nuestras vidas o la de nuestra familia corría peligro. Pero a cambio de ello nos sentíamos seguros cuando cuatro o cinco niños de nuestra colonia salíamos juntos porque nos protegíamos y si alguno tenía una "mala idea" los demás le dábamos pamba china mental. En realidad sí había un poco de temor, pero a mí me gusta pensar que era el sentido de súpervivencia el que nos hacía estar alertas.

A partir del CCH encontré que había otro tipo de miedo, cuando los porros robaban, golpeaban, amenazaban y vejaban a los estudiantes. Ver cómo "El Pichón" había golpeado a un alumno de 15 años de primer semestre hasta reventarle un ojo, y saber que a las dos semanas ya estaba de vuelta en la escuela, robando, golpeando, etc... Empezó a despertarme más indignación que otra cosa.

Ahora que tengo 30 años y una hija de ocho me encuentro con que sí, es verdad, he intentado, no con mucha suerte, no caer en el terror. Si te asaltan, hay que agradecer que no te golpeen. Si te llegan a golpear, entonces hay que dar gracias porque no te violaron, y si lo hacen, decir que por lo menos sigues con vida. Es decir, ¿a dónde te haces para estar en paz? Donde no hay robos ni secuestros, es porque el narcotráfico cuida el lugar pero te puede tocar una bala perdida. Y así sucesivamente. Un niño de ocho años amenazó de muerte a mi hija, diciéndole que la va a aventar del primer piso si sigue acusándolo de que la golpea todos los días. ¿Las autoridades? Pues no hacen nada, especialmente desde que conocieron a sus padres, que se ven personas fuera de todo ambiente medianamente funcional.

Nada, que desde los ancianos hasta los niños, todos corremos peligro. Pero también me parece que en tanto asumamos que somos parte de una sociedad, podemos empezar a revertir las cosas. ¿Por qué debemos permitirlas? Bueno, pues ya empezamos: el primer paso lo tenemos hecho. Estamos hablando sobre el tema, lo estamos difundiendo, criticamos un sistema y damos opciones, sean o no las indicadas, pero alguna saldrá que detenga esto. La violencia sólo genera violencia. Vi el documental de Michael More, Masacre en Columbus, y me sorprendió saber cómo se las gastan en Canadá, donde pareciera un barrio como el que tu mamá cuenta de su niñez.

Y con esto quiero decir, básicamente, la frase que tanto me gusta de Teresa de Calcuta: "Yo no odio la guerra. Yo amo la paz". ¡Que formas tan diferentes de ver las cosas! No nos acostumbremos a las noticias que hoy nos inundan, por favor. Empecemos por cambiar nosotros y en consecuencia, alguien también lo hará. El miedo se hizo para vencerlo, no para permitirle ganar. Así que pongámonos las pilas y en vez de atrincherarnos, hablemos y hablemos al respecto, no como un cuento de horror, sino como una historia con moraleja: la de que, a pesar de todo, estamos convencidos de que las cosas pueden cambiar, y cambiar para bien.

Ora sí me la prolongué. Hablando de empezar por nosotros, tengo que irme a bañar... Y sí, una ovación a tu amá que dice lo que piensa. ¡Así se hace, caray! Está visto que lo que se hereda no se hurta...

FerGil said...

Como había dicho, ya lo reenvié a mi mamá. Falta ver qué contesta, jejeje.

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